Qué certifica de verdad un título universitario (y qué no)

Quien tramita una homologación descubre pronto una cosa: el expediente que se envía no dice casi nada de lo que la persona sabe hacer. Dice qué asignaturas cursó, cuántos créditos suman y qué nota sacó. Nada más. Y esa distinción, que parece burocrática, explica bastantes malentendidos entre lo que un país espera de un título y lo que otro país entiende que certifica.
El debate ha vuelto estos días a raíz de una frase del economista Santiago Ávila, autor del libro Tontocracia, en una entrevista en Onda Vasca: «Es la primera vez en la historia que tenemos tanto titulado superior que es analfabeto funcional». Conviene mirar la afirmación con calma, porque toca directamente a cualquiera que estudie fuera, contrate fuera o convalide papeles entre España y América Latina.
Qué acredita un título, en sentido estricto
Un título acredita que una institución reconocida dio por superado un plan de estudios. Eso incluye tres cosas concretas:
- Que se cursaron unas materias determinadas, con su carga horaria.
- Que se superaron las evaluaciones que esa institución consideró suficientes.
- Que la institución está reconocida por la autoridad educativa de su país.
Nada de eso equivale a una medición de competencias. Un título no certifica que quien lo tiene sepa redactar un informe, interpretar un contrato, entender un texto técnico o distinguir un dato de una opinión. Se da por supuesto, que no es lo mismo que estar acreditado.
La diferencia entre alfabetización y comprensión
Se llama analfabetismo funcional a la situación de quien lee las palabras pero no extrae el sentido: no sabe decir qué afirma un texto, en qué se apoya o qué consecuencias tiene. No es un problema de escolarización, sino de comprensión, y por eso puede convivir con estudios superiores sin que nadie lo detecte.
Por qué esto importa en un trámite entre países
En un proceso de homologación o de convalidación, la administración compara programas, créditos y competencias declaradas. Compara papeles con papeles. Si en origen esas competencias se dieron por adquiridas sin comprobarlas, el documento las traslada tal cual, y llega intacto al otro lado.
De ahí vienen situaciones que en las oficinas se ven a menudo: expedientes impecables que después no encajan con lo que el puesto o el máster exigen, y candidatos que sí cumplen pero no consiguen explicarlo por escrito en una carta de motivación. En ambos casos el título no está informando de lo que importa.
Qué sí mide competencias
Cuando hace falta acreditar algo más que el plan de estudios, existen instrumentos pensados para eso:
- Certificaciones de idioma, que evalúan comprensión lectora de forma explícita y con nivel declarado.
- Pruebas de acceso de posgrado o de oposición, que evalúan razonamiento y no solo memoria.
- Pruebas técnicas de empresa, que miden lo que la persona hace, no lo que consta que cursó.
- Portafolios y trabajos publicados, que enseñan resultados en lugar de describir capacidades.
Ninguna sustituye al título en un trámite oficial, pero todas rellenan el hueco que el título deja.
Consejos prácticos según el lado en el que estés
Si estás homologando o estudiando fuera
Acompaña el expediente con evidencias de lo que sabes hacer: trabajos, informes, certificados de idioma, cursos con evaluación real. Y cuida especialmente los textos que escribes tú, la carta de motivación y el currículum, porque son la única muestra directa de comprensión y expresión que la otra parte va a tener.
Si estás contratando
El título sirve para filtrar, no para decidir. Una prueba corta y realista —leer un documento y resumir qué implica— dice más que cualquier expediente, y evita descartar buenos candidatos formados en sistemas educativos distintos al propio.
Sin alarmismo
La frase de Ávila es un titular fuerte, y como todo titular fuerte pide contexto. Que existan titulados con comprensión lectora pobre no invalida los estudios superiores ni convierte los títulos en papel mojado: los sigue haciendo falta para ejercer, para homologar y para acceder a muchos empleos.
Lo que sí conviene es dejar de pedirle al título algo que nunca prometió. Certifica un recorrido académico. La capacidad de entender lo que uno lee se demuestra aparte, y quien la tiene hace bien en enseñarla, sobre todo cuando su expediente viaja a otro país donde nadie conoce su facultad.