Qué pasó con las lenguas indígenas de México después de la independencia: cifras, cédulas y escuelas

Última revisión: 4 de octubre de 2026.
Qué pasó con las lenguas indígenas de México después de la independencia es la pregunta que lanzó el 17 de septiembre un vídeo corto del Institute for Hispano Studies, y tiene una respuesta breve: dejaron de ser la lengua de la mayoría. Cuando el país se separó de España en 1821, la mayor parte de sus habitantes hablaba náhuatl, maya, zapoteco, mixteco, otomí o alguna otra de las decenas de lenguas del territorio. Un siglo después eran minoría, y en el censo de 2020 las hablaba el 6,1 % de la población de tres años y más.
Lo que se discute es el porqué. Y ahí el vídeo y buena parte de los historiadores no cuentan exactamente lo mismo.
Lo que plantea el vídeo
El short del Institute for Hispano Studies sostiene que, bajo el gobierno español, los misioneros documentaron y enseñaron en lenguas indígenas, escribieron gramáticas y diccionarios y usaron el náhuatl como lengua franca. Según esa lectura, fue la república independiente la que, en nombre de la unidad nacional, escolarizó en español, y fue entonces cuando el castellano se extendió y las lenguas originarias retrocedieron. Termina con una pregunta: si una nación puede celebrar su pasado indígena mientras presiona a su gente para que abandone sus lenguas.
La cronología del retroceso que describe está bien documentada. El reparto de responsabilidades necesita más matices de los que caben en un minuto.
Qué pasó con las lenguas indígenas de México después de la independencia, en cifras
Los números del siglo XIX son estimaciones hechas con métodos distintos y no siempre comparables entre sí, pero apuntan en la misma dirección:
- Hacia 1820, un cálculo de población citado con frecuencia situaba en torno al 60 % a los hablantes de lenguas indígenas (puede verse con sus referencias en el artículo «Lenguas de México» de Wikipedia).
- En 1889, el geógrafo Antonio García Cubas los calculó en el 38 % de la población.
- En 1895, el primer censo general registró que el 84 % de los habitantes hablaba español, según la serie censal que recoge Rosnátaly Avelino Sierra (UNAM) en el Anuario 2024 del Instituto Cervantes. Ese 84 % incluye a bilingües, así que no es el reverso exacto de la cifra de García Cubas.
- En 1930, según el INEGI, los hablantes de lengua indígena eran el 16 % de la población, y en 2000 el 7,1 % (datos del INEGI recogidos por Alcaldes de México).
- En 2020, el censo contó 7.364.645 hablantes de tres años y más, el 6,1 % de ese grupo de edad (INEGI, comunicado 430/22).
En números absolutos los hablantes no han desaparecido: hoy hay más que en 1930, porque la población del país se ha multiplicado. Lo que se ha hundido es su peso relativo.
Antes de 1821: dos políticas que convivieron
El periodo virreinal no tuvo una sola política lingüística. Tuvo al menos dos, y a menudo chocaron.
La Iglesia evangelizó en lenguas indígenas. Fray Andrés de Olmos terminó en 1547 su Arte de la lengua mexicana, considerada la primera gramática sistemática de una lengua americana (ficha del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM), y fray Alonso de Molina publicó en 1555 su vocabulario castellano-náhuatl, que amplió en 1571. El III Concilio Mexicano, de 1585, dispuso que la doctrina se enseñara en la lengua de cada partido y no en latín ni en castellano. En 1570, una real cédula de Felipe II, citada a menudo como la que hizo del náhuatl la lengua general de los indios de Nueva España, fue seguida en 1580 por una ordenanza que creaba cátedras de «lengua general» en las universidades.
La Corona, en paralelo, insistió en el castellano. En 1550 una cédula ya recomendaba enseñarlo; en 1596 Felipe II pedía maestros de castellano para los indios «sin costa suya» y de forma voluntaria. El 10 de mayo de 1770, a instancias del arzobispo de México Francisco Antonio de Lorenzana, Carlos III firmó en Aranjuez la cédula «para que en los reinos de las Indias se destierren los diferentes idiomas de que se usa, y solo se hable el castellano». Toda esa secuencia está detallada en el estudio de Ignacio Ahumada en la revista Káñina (Universidad de Costa Rica, 2021).
La cédula de 1770 tuvo efectos. La historiadora Dorothy Tanck de Estrada documentó en Pueblos de indios y educación en el México colonial, 1750-1821 escuelas de primeras letras en más de mil pueblos de indios, pagadas con fondos comunales. Pero el alcance real fue corto, y en 1821 el castellano seguía siendo la lengua de una minoría.
Hubo un tercer factor más pesado que cualquier cédula: las epidemias. La viruela de 1520 y los brotes de cocoliztli de 1545 y 1576 hundieron la población indígena. Sherburne Cook y Woodrow Borah estimaron que la del centro de México pasó de unos 25 millones a alrededor de un millón a comienzos del siglo XVII, cifras que otros demógrafos consideran infladas (sobre el brote de 1545, la exposición de Dumbarton Oaks). Con tantas comunidades diezmadas, muchas lenguas perdieron hablantes antes de que nadie legislara sobre ellas.
Después de 1821: la escuela como herramienta de unidad
La república heredó un país mayoritariamente indígena y un ideal liberal de ciudadanía con una sola lengua. Políticos de la primera generación independiente, como Lorenzo de Zavala, sostenían que sin el castellano los indígenas no podían instruirse, como repasan Alicia Martín Alcaraz y Carlos Escalante en la Revista Mexicana de Investigación Educativa (2017). Los mismos autores señalan que durante el siglo XIX las autoridades apenas se plantearon qué hacía un niño monolingüe en un aula donde solo se hablaba español.
La escuela, de todas formas, llegaba poco: el analfabetismo era del 83 % en 1895 y del 78,5 % en 1910. La castellanización masiva fue sobre todo obra del siglo XX. En 1911, una ley de escuelas de instrucción rudimentaria se propuso enseñar «principalmente a los individuos de raza indígena a hablar, a leer y a escribir el castellano». En 1921 José Vasconcelos refundó la Secretaría de Educación Pública y llenó el campo de maestros rurales y misiones culturales, con el castellano como vehículo de integración, como reconstruye este capítulo del Centro de Estudios Educativos.
El cambio de rumbo llegó tarde y por etapas. Entre 1939 y 1940, el Proyecto Tarasco, con el lingüista Mauricio Swadesh, alfabetizó primero en purépecha y después en español. En 1978 la SEP creó la Dirección General de Educación Indígena. Y el 13 de marzo de 2003 se publicó la Ley General de Derechos Lingüísticos de los Pueblos Indígenas, que declara lenguas nacionales a las indígenas y al español, con la misma validez, y que creó el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (INALI).
Qué parte de la tesis del vídeo se sostiene
Se sostiene la cronología: la caída más rápida del peso de las lenguas indígenas ocurre entre la independencia y mediados del siglo XX, cuando el Estado mexicano hizo de la escuela en español una política nacional y tuvo, por primera vez, medios para aplicarla.
Los historiadores que la matizan recuerdan otras dos cosas. La primera, que la Corona ya había ordenado en 1770 desterrar las lenguas indígenas, aunque no logró cumplirlo. La segunda, que la catástrofe demográfica del siglo XVI redujo de forma drástica el número de hablantes mucho antes de cualquier censo. Las dos lecturas parten de documentos reales y difieren sobre todo en dónde ponen el acento.
Dónde consultar los datos
- Cifras del último censo: INEGI, tema «Lengua indígena».
- Las 68 agrupaciones lingüísticas y sus 364 variantes: Catálogo de las Lenguas Indígenas Nacionales del INALI.
- El texto vigente de la ley de 2003: Cámara de Diputados.
- La serie histórica del español en México: Anuario 2024 del Instituto Cervantes.